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  • Manifiesto 5A

    Manifiesto 5A

    Hoy, 5 de abril de 2025, nos movilizamos en Valladolid como un paso más en la lucha por la vivienda. Si bien el problema de la vivienda es un problema estructural cuya solución requiere de la superación del capitalismo, en los últimos años hemos vivido un endurecimiento de este problema, una crisis de vivienda.

    Hemos visto cómo, en un contexto de crisis económica y social, empresarios y rentistas han aumentado sus beneficios mientras que la clase trabajadora nos hemos ido empobreciendo cada vez más a través de eso que normalmente llaman inflación, y que no es otra cosa que una devaluación de nuestro salario real.

    Suben los alimentos, sube el alquiler, suben las hipotecas, mientras cobramos lo mismo o nos aplican subidas miserables. La vivienda, en concreto, es hoy uno de los principales problemas para la clase trabajadora, exprimida por unos bancos y unos rentistas que tratan de apropiarse hasta del último céntimo de nuestro sueldo.

    Una vez que esta situación se ha convertido en insostenible, el sector inmobiliario ha puesto su maquinaria de propaganda en marcha para tratar de instalar la idea de que el problema es que faltan viviendas y hay un contexto de inseguridad jurídica que está impidiendo que haya en el mercado toda la vivienda que se necesitaría para cubrir la demanda. Hay que decir claramente que ninguna de estas cosas es cierta: ni hay escasez de vivienda, ni hay una legislacion contraria al desarrollo del negocio de la vivienda.

    Sobre la cuestión de la escasez, cabe decir que, solamente en Valladolid capital, se calcula que 1 de cada 10 viviendas está vacía, en una ciudad que lleva 30 años perdiendo población. Respecto a la inseguridad jurídica cabe decir que las últimas reformas legislativas en todos los marcos de la administración han servido para apuntalar el negocio de la vivienda y han sido acompañadas de medidas como los bonos de alquiler, que únicamente sirven para financiar con dinero público los ingresos de los rentistas.

    Ante esta situación, la administración y todos los partidos políticos institucionales, tanto de izquierda como de derecha, han dado una serie de respuestas que, si bien varían en el tono, tienen una idea de fondo común: la crisis de vivienda sólo se puede atajar alimentando el negocio de la vivienda. El gobierno del PSOE, primero con Podemos y luego con Sumar, ha promovido una Ley de Vivienda que ha sido absolutamente inservible para la clase trabajadora. Incluso en sus propios términos, la ley se ha demostrado completamente incapaz de contener los precios de la vivienda, que no paran de subir.

    Por otro lado, la Junta se ha dedicado a ofrecer unas ayudas al alquiler dotadas de unos fondos muy escasos y condiciones casi imposibles, como limitarlas a alquileres de menos de 550€. Y el Ayuntamiento, con alcaldías de diferente color político, se ha dedicado a promover una vivienda pública de difícil acceso y baja calidad: en nuestra experiencia sindical, no hay ninguna diferencia con lo ofrecido por caseros privados.

    Pese a lo que se dice sobre la descoordinación institucional, la realidad es que, cuando se trata de apuntalar el negocio de la vivienda, todas las instituciones, estén gobernadas por el partido que sea, reman juntas y en la misma dirección. Esto se pudo comprobar de forma clara en el desahucio que al final se ejecutó en la calle Batuecas el día 26 de febrero. La propiedad quería desahuciar a cualquier precio; la Junta, en manos del PP, que es quien tiene las competencias de Vivienda, no ha hecho nada; el Ayuntamiento, en este caso VOX, mandó a la policía local; el Gobierno, en manos del PSOE y Sumar, mandó a los antidisturbios. Y todo ello amparado por una ley promovida por Podemos. Es únicamente la clase trabajadora, organizada en torno al Sindicato de Vivienda de Valladolid, en este caso, la que se moviliza para parar los desahucios. Y aún así no es suficiente.

    Porque mientras el Estado tenga el poder y cada vez nos quiten más herramientas a la clase trabajadora para poder defendernos, ejecutarán desahucios cuando les sea conveniente, en este caso por defender la propiedad de ABANCA. No sólo demuestran su fidelidad a los que hacen negocio con la vivienda, sino que permiten la especulación con los pisos que dejan vacíos. Así demuestran que apuntalan y defienden este negocio.

    Ante el problema de la vivienda, creemos que sólo existe una salida posible: que se garantice el acceso universal a una vivienda gratuita y de calidad. Defendemos un acceso universal porque la vivienda es un medio básico para sobrevivir, y nadie, independientemente de su situación o procedencia, debería ser excluido de él. Defendemos que la vivienda tiene que ser gratuita, p orque mientras haya que pagar por ella siempre habrá gente que se verá excluida del acceso a la vivienda o tendrá dificultades para conservarla. Y defendemos que tiene que ser vivienda de calidad, porque no queremos lujo para los ricos y dignidad para los pobres. No queremos caridad, nadie tiene por qué vivir en unas condiciones mínimas o de infravivienda mientras hay medios de sobra para asegurar una vivienda de calidad a toda la población.

    Esto requiere de un proceso de desmercantilización de la vivienda. Sin embargo, hay medidas que pueden tomarse de inmediato para frenar la crisis de vivienda. Lo que nosotras planteamos es que estas medidas tienen que ir contra la ganancia de los rentistas y no alimentar el negocio de la vivienda. Así, pedimos:

    1. Expropiación de las viviendas vacías que ya existen

    Ya que en general no hay un problema de escasez, sino de acaparación de viviendas sin uso. No hay necesidad de construir vivienda nueva y, por lo tanto, alimentar el negocio y la especulación.

    2. Reducción de los alquileres de forma realmente efectiva y sin contrapartidas

    No sólo queremos limitaciones a la subida (que puedan ser fácilmente evitables), sino que queremos una reducción real de los alquileres que compense la congelación de los salarios y su devaluación.

    3. Suspensión inmediata de todos los desahucios

    Que como hemos podido comprobar, y por mucho que se diga que están prohibidos, se siguen ejecutando todas las semanas.

    4. Fin de la represión al movimiento de vivienda y desmantelamiento de las empresas de desokupación

    El brazo armado del capital. Mientras se reprime al movimiento de vivienda, se demuestra permisividad absoluta con estos grupúsculos fascistas. Con los cuales se alimentan las campañas para generar miedo a la okupación, que no es sino una herramienta de lucha de la clase trabajadora y, a su misma vez, consecuencia del propio negocio de la vivienda.

    Además, pedimos la derogación de la ley mordaza y el cese de las infiltraciones policiales que han ocurrido por todos los movimientos del Estado.

    La implantación de estas medidas está fuera del programa de todos los partidos políticos con representación parlamentaria, incluidos los socialdemócratas. Por eso, nuestra labor como Sindicato es contribuir, mediante la lucha cultural, a extender la necesidad de este programa entre la clase trabajadora, contribuir a la construcción de una organización política comunista capaz de llevarlo a cabo y generar un poder organizado capaz de defenderlo.

    En estas concentraciones y manifestaciones que están sucediendo hoy por todo el estado demostramos que el movimiento por la vivienda somos quienes luchamos por la mejora de nuestras condiciones como clase. No sólo luchamos por la mejora inmediata de nuestras condiciones de vivienda a corto plazo. También proclamamos que no se puede renunciar a la construcción de las herramientas necesarias para lograr las transformaciones profundas que en el largo plazo permitan superar de forma definitiva el problema de la vivienda.

    CONTRA EL NEGOCIO DE LA VIVIENDA, ORGANIZACIÓN DE CLASE

  • Contra las migajas de la junta, lucha por la vivienda

    Contra las migajas de la junta, lucha por la vivienda

    Este texto es una adaptación de la charla ofrecida por el sindicato el viernes 14 de julio de 2024 en La casa de las palabras de Valladolid. Esta charla se produjo en el contexto de una campaña conjunta del sindicato y la Asamblea de inquilinas de Salamanca bajo el lema Contra las migajas de la junta, lucha por la vivienda.

    Aunque todas sabemos que el acceso a la vivienda está muy mal, que los alquileres están carísimos, que los pisos están en malas condiciones, se habla muy poco, o directamente nada, de la lucha por cambiar esa situación. Y si no hablamos de la necesidad de luchar contra un problema que nos afecta a toda la clase trabajadora, porque lógicamente todas necesitamos una casa para vivir, o para formar una familia, o para emanciparnos de ella, no solo va a ser imposible acabar con el problema sino que se va a agravar.

    Pero además de hablar de la lucha, también queremos hablar de la organización. Porque podemos estar de acuerdo, aunque no lo mencionemos mucho, en que “algo habrá que hacer” contra todo esto. Pero si no sabemos qué se puede hacer, si no proponemos nada, si no nos reunimos, discutimos propuestas, acciones; si no nos organizamos, obviamente no se va a hacer nada nunca. Por eso lo que proponemos nosotras es una lucha organizada, y por eso estamos organizadas en el sindicato.

    Pero además de esta lucha organizada, también queremos hablar de contra quién va dirigida esta lucha. Porque no basta con explicar que hay un problema de vivienda, ni con juntarse a hablar de ello, sino que hay que dirigir la lucha contra los responsables de ese problema. Por eso tenemos que decir alto y claro que consideramos que toda esta situación está provocada por el sistema capitalista, por considerar las viviendas como bienes de mercado con los que especular y ganar dinero. Tenemos que señalar a los propietarios. A los caseros que vulneran nuestros derechos y solo se preocupan de subirnos el alquiler todo lo que pueden año tras año y de echarnos cuando no les parece suficiente. Tenemos que señalar a las inmobiliarias, a los bancos y a los fondos buitre, porque son quienes se están beneficiando del problema de la vivienda mientras nuestras posibilidades para acceder a viviendas de calidad y mantenernos en ellas son cada vez menos y más costosas.

    Y tenemos que señalar a las instituciones. Tenemos que hablar del Estado, tenemos que hablar del Gobierno, tenemos que hablar de las leyes de vivienda, tenemos que hablar de la policía, y señalarlos igualmente porque son cómplices del saqueo que están haciendo todos esos capitalistas y les defienden de todas las formas posibles. Y en nuestro caso concreto, tenemos que hablar de la Junta de Castilla y León. Porque el problema de la vivienda es su responsabilidad, y como decimos también en el título de la charla y en el lema de la campaña, solo nos ofrece migajas. Y nos ofrece migajas para fingir que están haciendo algo contra esta situación, mientras lo que consiguen con las pocas ayudas que ofrecen es legitimar todos los abusos y toda la explotación que ejercen los propietarios contra las inquilinas, que en su inmensa mayoría somos clase obrera, trabajadoras, estudiantes precarias; etc.

    Para ilustrar un poco cómo está la cosa, vamos a repasar algunos datos en general de la comunidad autónoma y en concreto de Valladolid. Castilla y León tiene una situación económica muy mala, de las peores del estado. Tiene muy poca población, unos 2 millones y medio de habitantes, aunque por superficie es la región más grande de toda Europa occidental. De esa población, solo una quinta parte es menor de 30 años y tiene una media de edad que supera los 48 años. Con una población tan envejecida, hay muy pocos sectores económicos potentes más allá del turismo, la hostelería y el sector servicios en general. Y las consecuencias de esto son muy evidentes, la población se ha empobrecido y está forzada a emigrar a otras regiones para trabajar o a alargar sus estudios indefinidamente hasta encontrar un puesto de trabajo medio decente.

    Para ser más exactos, desde 2009 hemos perdido un 13% de poder adquisitivo, incluyendo las subidas del SMI. Si a esto le sumamos que solo en el último año los alquileres han subido un 8%, vemos que el nivel de pobreza al que nos están empujando es todavía peor. Y centrándonos ya en el tema de la vivienda, hay que decir que en Castilla y León una de cada cuatro viviendas está vacía; es decir, el 25 % de las casas no se usan para nada. Y a la vez, solo el año pasado hubo más de 1.000 desahucios.

    Pero además, de las viviendas que sí se usan, casi el 15% son de uso esporádico, segundas viviendas de vacaciones o de visitas ocasionales. Así que lo que tenemos es que, mientras casi la mitad de todas las viviendas de la comunidad NO SE USAN PARA VIVIR, para acceder a una vivienda nos hace falta gastarnos – en promedio – el 70% de nuestro sueldo. Y este es un dato calculado sobre el sueldo de los jóvenes, pero también aplica a los “no tan jóvenes”, porque la edad de emancipación en CyL es la más alta del estado.

    Y si hablamos más en concreto de Valladolid, el panorama es el mismo. En 8 años los alquileres han subido un 22%. Siendo la capital de provincia, hay algo más de industria y oferta de trabajo, y por eso hay un nivel de vida un poco más alto, y aún así para acceder a una vivienda en alquiler o a una hipoteca hace falta gastarse la mitad del sueldo.

    Así vemos como el problema de la vivienda lleva empeorando más de una década, y no parece que vaya a mejorar. La pregunta que surge es: ¿Qué ha hecho la Junta para solucionar estos problemas? Y la respuesta es entre poco y nada. Después del confinamiento y de la crisis económica de este último año por la guerra de Ucrania el Gobierno central ha ofrecido algunas ayudas al alquiler que no han sido más que parches, y la Junta ha hecho más de lo mismo:

    • Lo primero que ha hecho es poner trabas burocráticas para todo. Para las ayudas al alquiler, el año pasado se retrasó medio año en concederlas, con todo lo que eso supone para las personas que necesitan esa ayuda inmediatamente y que a saber de donde sacarían el dinero para aguantar esos meses. Y a mayores de esto, los requisitos para conceder las ayudas son totalmente excluyentes. La normativa impone un máximo de ingresos para conceder la ayuda, es decir, que pide estar en una situación que roce la pobreza; y establece precios máximos a la renta que puede cubrir. Las cuantías no superan los 550 € mensuales por vivienda, o los 200 € por habitación, con lo cual o alquilas un zulo o un piso en condiciones pésimas por el que no te vayan a cobrar más que esa cifra, o no te quedas sin ayuda. Y para rematar el desastre, si las personas que cumplen estos requisitos de renta tienen problemas de otro tipo, como puede ser de residencia o de nacionalidad, por ser personas migrantes; también se quedan fuera.
    • Eso en cuanto a las ayudas en general al alquiler. Si hablamos de otras medidas, en 2023 la Junta ofreció el bono alquiler joven (una ayuda de máximo 250 euros), y de 16.000 peticiones aceptadas solo tenía fondos para atender 4.000. Pero además, esta ayuda consiste en pagar el alquiler de los propietarios con dinero público, en vez de controlar los precios de los alquileres.
    • A la vez que se niega a controlar los precios, la Junta ha tomado esta y otras medidas para seguir enriqueciendo a los propietarios. A través del SOMACYL, su organismo de vivienda pública, ha lanzado una medida para avalar la compra de viviendas a través de hipoteca. Es decir, te avalan con dinero público si no puedes pagar la hipoteca, para que el banco siga cobrando y al anterior propietario le acabe llegando su parte. También han eliminado el Impuesto de Sucesiones para familiares directos, independientemente de que esas viviendas heredadas sean para uso propio o para lucrarse. Así que quien herede un piso y se dedique a ponerlo en alquiler para sacarle el dinero a sus inquilinos ni siquiera va a tener que pagar el impuesto.
    • Y si hablamos de Valladolid concretamente, pasa algo similar con el VIVA. Ya lo conoceréis si habéis estado al día de nuestra anterior campaña, con la Comunidad Sindical de calle Eneldo, en la que hemos conseguido una primera victoria sindical colectiva contra VIVA. Por si acaso no lo conocéis, os cuento: Este organismo municipal es propietario de varios bloques de viviendas protegidas de construcción reciente, y va a construir varios más. Lo que hace con ellos es ofrecer viviendas en alquiler a precios “asequibles” entre comillas, porque no son mucho más bajos que los que te puedes encontrar de propietarios privados, poniendo unos requisitos de acceso totalmente prohibitivos: solvencia económica, sueldo estable, ser demandante de VPO en CyL y soportar listas de espera interminables; etc. Estos pisos que se promocionan como modernos y con buenas calidades, tienen problemas de calefacción y de goteras, se hace mal el registro de los suministros, y el VIVA impone unas prohibiciones ridículas, impidiendo por ejemplo usar zonas comunes. Lo que están demostrando es que a través de las viviendas públicas el estado se convierte en un casero más, extrayendo nuestra renta sin preocuparse siquiera de que las viviendas estén en condiciones de habitabilidad. Y todo ello mientras de cara a la opinión pública están “facilitando viviendas a quienes más lo necesitan”.

    La valoración que hacemos nosotras de todo esto es esta: ni la Junta ni el Ayuntamiento pueden solucionar el problema de la vivienda. Son las encargadas de hacer que nada cambie, son parte del Estado y por tanto no pueden ir contra los intereses del capital. Por eso la situación es la misma estén unos u otros partidos al mando, porque se benefician directa e indirectamente de que la vivienda sea propiedad privada de unos pocos. Y todas estas migajas que nos dan son una cortina de humo que no hace más que distraer la atención y generar impotencia, porque parece que solo nos queda conformarnos, parece que una solución real es imposible.

    Pero es que quienes nos estamos comiendo las consecuencias de la crisis capitalista, a quienes nos afecta su gestión de la miseria somos nosotras, la clase obrera. Entonces no nos sirve esa respuesta, no nos sirve que nos pongan parches. No nos sirve conformarnos con pensar que la solución es inalcanzable porque no podemos permitirnos el inmovilismo que eso conlleva. Y tampoco nos sirve que se gaste el dinero público que debería ir a Sanidad, a Educación o a las pensiones públicas; en pagarle la renta a grandes fondos buitre multimillonarios, al banco, al “pequeño propietario” que tiene seis pisos en alquiler, o al VIVA. No nos vale eso. Lo que nos vale es defender el acceso a una vivienda universal y de calidad. Para todas y controlada por nuestra clase. Sin vivienda no se puede vivir. Y si hay un 40% de viviendas que no se están usando para vivir, no hay ninguna justificación para que haya gente viviendo en la calle, o desahuciada, o malviviendo en pisos compartidos, o dejándose el sueldo para poder estar en una casa.

    La Junta, el Ayuntamiento, el Estado, los caseros, los fondos buitre, los bancos, las inmobiliarias… Nos tendrán en frente luchando contra ellos, de forma organizada y conjunta contra los capitalistas y contra las instituciones que los defienden.

    Esto es una lucha conjunta, colectiva, una lucha de clase. Es imposible hacer la guerra cada uno por nuestra cuenta, porque la ley está hecha para favorecer a los propietarios, y aunque no sea así, ellos tienen toda la sartén por el mango, ellos controlan nuestra vivienda. A menos que se lo impidamos. Por eso proponemos que os organicéis en el sindicato, y por eso hemos impulsado esta campaña con la AIS, porque lo que necesitamos para presionar a nuestros caseros, a las inmobiliarias, a los fondos buitre, al Ayuntamiento y a la Junta; es una lucha unida y organizada contra el modelo capitalista de vivienda. Y a lo mejor todavía somos pocas, pero hasta hace nada éramos muchos menos. Tenemos que seguir peleando para ser más y tener cada vez más fuerza para defendernos, para arrancar concesiones y conseguir soluciones reales por nosotras mismas, aunque sepamos que esto solo nos permitirá mejorar nuestras condiciones en el corto plazo. Sabemos que la lucha por la vivienda, la lucha contra el capital, es un camino difícil, y muy largo. Pero es lo que tenemos: la lucha es el único camino. Y en ese camino vamos a estar el sindicato, la AIS y todo el que quiera luchar por cambiar esta situación.

  • El bloque de la calle Eneldo, 1 gana su primer conflicto sindical contra VIVA

    El bloque de la calle Eneldo, 1 gana su primer conflicto sindical contra VIVA

    En febrero de este año se hacía pública la organización de las vecinas del bloque situado en el nº1 de la calle Eneldo de Valladolid en el sindicato constituyéndose como Comunidad Sindical Eneldo 1. Desde este mismo momento se puso en marcha una campaña desde la comunidad sindical para abordar las problemáticas más urgentes que la propiedad, el ayuntamiento de Valladolid, estaba generando. A pesar de la multitud de problemáticas existentes en el bloque se ha puesto énfasis en dos de ellas entendiendo que eran las que más contribuían a la inhabitabilidad de las viviendas: los problemas de aislamiento y los fallos de la calefacción.

    Tras 3 meses de lucha y agitación, hemos conseguido que el VIVA se haga cargo de estas problemáticas y se comprometa a su reparación en un corto periodo de tiempo como muestra el comunicado realizado a las vecinas por parte de la propiedad a principios de este mes. Ha sido gracias a que las vecinas se han organizado en el sindicato que el ayuntamiento ha empezado a tomar en serio sus demandas y a mostrar interés en resolverlos en vez de excusarse en un laberinto administrativo interminable. No obstante cabe señalar que las problemáticas no están del todo resueltas y que la Comunidad Sindical se mantiene vigilante para comprobar que efectivamente se terminan de resolver los problemas.

    Lo que se ha producido en la Calle Eneldo es a todas luces una victoria sindical, nada más y nada menos. Las victorias sindicales conllevan una mejora inmediata en las condiciones materiales de vida de las 25 viviendas del bloque siendo esto una muestra clara de lo que se puede lograr a través de la lucha y sobre todo de la organización: no es como ciudadanas individuales, sino como trabajadoras conscientes de que nuestro poder está en organizarnos por nuestros intereses comunes que podemos mejorar nuestras condiciones materiales. Sin embargo es evidente que las diferentes problemáticas en las que se concreta el problema de la vivienda no surgen como setas en un ambiente social neutro, sino que son consecuencia del papel de la vivienda en el capitalismo.

    Esto arroja una conclusión muy clara al respecto: mientras el origen de estos males, el capitalismo, no sea superado, el problema de la vivienda estará afectando a la clase trabajadora en mayor o menor medida y de una forma u otra. Hay que señalar de forma clara que la superación del problema de la vivienda no vendrá de la acumulación de pequeñas victorias como esta. Sin embargo estas pueden contribuir de forma notable a la toma de conciencia por parte de nuestra clase de que su poder y su capacidad está en la organización y que su interés último está en la superación del capitalismo.

    De esta victoria en concreto y de la lucha que la ha hecho posible podemos extraer algunas conclusiones interesantes para la lucha por la vivienda en nuestro tiempo.

    La primera de ellas es que las Comunidades Sindicales son una fórmula eficaz tanto para la defensa de los intereses inmediatos en el ámbito de la vivienda como para la construcción de una estructura organizativa capaz de integrar a capas desorganizadas de nuestra clase de forma estable y continuada en el tiempo.

    Segundo, la vivienda pública no es la solución al problema de la vivienda, de hecho ni si quiera es la vía para paliar en el corto plazo el empeoramiento en las condiciones de vivienda que afronta nuestra clase. Únicamente desde la organización independiente de la clase trabajadora puede plantearse la superación del problema de la vivienda como tarea en el largo plazo y la defensa de sus condiciones de vivienda en el corto plazo.

    Tercero, no hace falta adoptar un discurso socialdemócrata para acercarse de forma efectiva a aquellos segmentos despolitizados y desorganizados de nuestra clase. Se puede plantear una lucha, por pequeña que sea, desde términos revolucionarios reconociendo en todo momento sus limitaciones pero no dejando de enmarcarla en la lucha de clases.

    Cuarto y último, el proceso de lucha y organización ha producido una Comunidad Sindical capaz de abordar la mejora de las condiciones materiales de las vecinas como un proceso progresivo de disputa a la propiedad del control de lo que sucede en el bloque . Esta victoria representa un primer paso en este proceso de construcción de un poder defensivo localizado en el corto plazo que aporte un granito de arena al poder colectivo que como clase nos permitirá confrontar el capitalismo en toda su extensión.

  • Turismo, vacío y precariedad

    Turismo, vacío y precariedad

    Escribimos este artículo como respuesta al artículo “En defensa de los apartamentos turísticos” aparecido en el Norte de Castilla en mayo de 2024. Respondemos con un artículo porque creemos que la cuestión de los pisos turísticos es un tema importante que no puede relegarse al terreno de la opinión y lo que realmente necesita es análisis.

    El artículo al que respondemos gira entorno a la conversión en apartamentos turísticos de un bloque de viviendas situado en la Plaza del Ochavo de Valladolid. Este edificio, según se indicaba en un primer artículo publicado en el mismo periódico, ha sido propiedad de Sareb, posteriormente de un fondo de inversión y por último y en la actualidad de un empresario segoviano. Si el edificio ha sido propiedad de Sareb lo primero que cabe decir es que este edificio ha sido pagado con dinero público a coste por encima de mercado tras la crisis de 2008 como parte del rescate a un banco o una constructora en quiebra. Posteriormente ha sido vendido, a pesar de que no se especifica, seguramente a un precio inferior al de compra ya que esta ha sido la práctica de la Sareb. Comprado por un fondo de inversión de los que habitualmente se llaman “buitres” por comprar activos devaluados en momentos post-crisis para posteriormente revenderlos más caros y por cierto sin pagar prácticamente impuestos. En la actualidad el edificio, comprado por el empresario en cuestión, ha sido adquirido con el objetivo de poner los pisos en alquiler. Todo este periplo es bastante representativo de lo que ha ocurrido en los últimos 15 años con muchos bloques de pisos en todo el estado: miles de viviendas devaluadas representaban una deuda importante para los bancos, fueron adquiridas con dinero público para rescatarlos y han sido devueltas a propietarios privados a través de unos fondos buitre que las han comprado por debajo del precio de mercado y las han vendido bastante más caras a otra empresa que las va a utilizar para la extracción de rentas en el sector turístico.

    Viendo que el recorrido anterior del bloque tiene unas causas y efectos que a estas alturas ya son evidentes, la pregunta que cabe hacerse para acabar el puzle es: ¿Por qué ha ocurrido este último movimiento? Respecto a las razones para dedicar el bloque al alquiler cabe señalar la alta rentabilidad que están produciendo los alquileres en el momento actual así como la fuerte demanda que hay de ellos para actividades muy diversas. Respecto al sector turístico como ámbito en el que poner estos pisos en alquiler cabe decir que la rentabilidad es aún mayor que para los pisos en alquiler como vivienda habitual. Estas son las razones fundamentales, los capitalistas invierten dinero con el objetivo de recuperarlo de forma aumentada, no por amor a la ciudad o para que haya más vida en el centro que en todo caso con efectos colaterales. De hecho cuando han tenido que destruir el patrimonio de media ciudad porque era lo más rentable no han tenido ningún tipo de problema en poner la piqueta a funcionar a destajo contra edificios que tenían cientos de años. Cabe hacer una mención especial a la preocupación del autor por que esta actividad viene a llenar un edificio que llevaba vacío más de 10 años y en general el vacío que encontramos en muchos locales de la ciudad. Podemos hacernos la siguiente pregunta al respecto: ¿Qué línea habría seguido el periódico si el edificio hubiera sido okupado por personas de clase trabajadora para vivir en él? No queremos especular, pero si se hace un repaso por la línea editorial que ha venido siguiendo lo más probable es que se les adjudicara falsamente todos esos tópicos que el autor pide no asociar al turismo: “borrachos, delincuentes, gente que se pelea o prostitución”. Esta es la conclusión a la que se llega cuando no se hace un juicio moral de la realidad y por el contrario se entiende que el vacío de muchos espacios es la forma en que se concreta el paso previo de devaluación necesario para el futuro relanzamiento de un proceso de acumulación.

    Ampliando un poco más el foco, entremos en qué significa el aumento del turismo en nuestro contexto que el autor tanto defiende. El turismo no está aumentando en la ciudad porque se esté empezando a valorar fuera o porque la gente se esté empezando a dar cuenta de lo interesante que es Valladolid, sino porque es una actividad altamente rentable en el momento actual. El autor plantea que existiría una especie de cadena de ganancias en la que si aumenta la actividad económica de un sector, mejorará la vida de todas las personas que se enmarcan en él, desde los capitalistas dueños de los bares a las jornaleras que recogen la uva. La realidad es que el sector turístico es un sector con unas condiciones de trabajo especialmente precarias para la clase trabajadora de la que los capitalistas se benefician especialmente. Esta miseria la conocemos bien, muchas militantes del sindicato trabajan o han trabajado en eso que se ha venido en llamar “hostelería” como forma eufemística de intentar modernizar lo que es el servicio. Respecto a las trabajadoras del campo seguramente no es necesario si quiera mencionar las condiciones en las que se recoge la uva o los frutales. Si lo comparamos por ejemplo con la industria, o con el montaje de naves que es a lo que se entiende que se dedica el empresario que ha comprado el inmueble, el convenio laboral de hostelería es remarcablemente peor para las trabajadoras y más favorable para la patronal que el del metal o el de la construcción. En este sentido la terciarización y la turistificación son procesos de aumento de la explotación laboral fundamentados en la erosión de las condiciones económicas de la clase trabajadora (sueldos más bajos, menos vacaciones, menos prestaciones) y en el aumento de horas de trabajo.

    Además de las consecuencias directas que esta actividad tiene para la clase trabajadora hay algunas consecuencias indirectas como la subida de los alquileres en la ciudad producidos por un doble movimiento de reducción de la oferta y de subida de los márgenes de beneficio. Muchas de las viviendas que se podrían dedicar a albergar a personas que realmente las necesitan se están utilizando para extraer rentas de los turistas por ser esto mucho más rentable a largo plazo. Muchos de los lugares del centro de la ciudad se convierten en objeto de consumo por parte del turismo lo que repercute en su valorización y por extensión en la valorización de las viviendas que se encuentran en ellos. Esta valorización habitualmente realizada con dinero público invertido en la mejora de los entornos urbanos y en los edificios singulares es además habitualmente sufragada parcial o totalmente con dinero público y vendida discursivamente como una mejora para todos cuando los beneficiados con mucha diferencia son los propietarios que ven revalorizadas las viviendas que poseen.

    Como conclusión plantearemos la pregunta que surge una vez que se plantean estos conflictos: ¿Qué debería hacerse para que no se sufran las mencionadas consecuencias? La respuesta necesita varios tiempos. A corto plazo, como forma de contención, la organización autónoma de la clase trabajadora es la única forma eficaz que tenemos para defendernos de esta erosión de nuestras condiciones de vida. Pero es innegable que si se quiere atacar el problema de raíz esto no es suficiente. Mientras que exista el capitalismo una actividad social como puede ser visitar una ciudad, contribuirá a reproducir en igual medida la riqueza de los capitalistas y la miseria de la clase trabajadora. Para superar esta dinámica es imprescindible superar el capitalismo hacia una forma de organización social diferente en la que los recursos se administren racionalmente de acuerdo con las necesidades colectivas.

  • 1º de Mayo 2024 – Frente a la miseria y la precariedad, organización de clase

    1º de Mayo 2024 – Frente a la miseria y la precariedad, organización de clase

    Vivimos tiempos de ofensiva generalizada contra las condiciones materiales de la clase trabajadora en todos los ámbitos del día a día. El capital está asegurando su ganancia a través del deterioro de los salarios de la clase trabajadora. Esto se manifiesta de forma evidente con la inflacción o la bajada de sueldos (salario directo), pero también con el agravamiento del problema de la vivienda o el deterioro de la sanidad (salario indirecto) y con la precarización de las pensiones o los diferentes subsidios (salario diferido).

    El ataque contra las condiciones de vida de la clase trabajadora es generalizado y por tanto generalizada debe ser nuestra forma de defendernos. De nada sirve conseguir que suban los salarios directos si tenemos que pagar una atención sanitaria privada o un plan de pensiones. E igualmente de nada sirve que bajen los alquileres si bajan también los salarios. En este sentido planteamos la necesidad de una perspectiva amplia que no se centre únicamente en mejorar una u otra cuestión puntual sino que entendiéndolas como partes indisociables apunte a su origen común: el modo de producción capitalista.

    El estado capitalista nada tiene que aportar a la clase trabajadora como estamos comprobando desde hace unos años con los intentos del gobierno PSOE-UP/Sumar. El origen de nuestra miseria no es un reparto desequilibrado de la riqueza existente como insiste la socialdemocracia, sino el capitalismo en su totalidad, siendo la distribución solamente una parte del problema indisociable de la producción. Los intentos de acotar al capital desde el estado capitalista no funcionan porque el estado capitalista no es otra cosa que el garante del proceso capitalista.

    En este sentido entendemos que una lucha por la vivienda que realmente pretenda superar el problema de la vivienda tiene que apuntar de forma decidida a la superación del capitalismo y a la expropiación generalizada de viviendas por parte de la clase trabajadora. Es por ello que este 1º de mayo nos movilizamos para llamar a nuestra clase a no dejarse aplastar y a defenderse colectivamente desde las organizaciones revolucionarias que apuestan por la construcción de un poder obrero capaz de confrontar al capital. Frente a la miseria y la precariedad, organización de clase.

  • El horizonte político de la lucha por la vivienda

    El horizonte político de la lucha por la vivienda

    La perspectiva de los análisis sobre el rol que está teniendo la vivienda en la sociedad se plantea desde la crítica a problemáticas o de fenómenos que resultan problemáticos y por lo tanto como una realidad que se aspira a superar en pos de que la vivienda juegue otro tipo de papel y estos problemas desaparezcan. Llamaremos horizonte esta otra realidad , a la que se entiende que debería responder la vivienda, y en pos de la cual se realiza el análisis-diagnóstico y para cuya consecución se trazan unas estrategias a las que comúnmente se llama políticas de vivienda.

    Estos fenómenos que resultan problemáticos leídos como conjunto se nombran normalmente como problema de la vivienda. El problema de la vivienda ha sido una constante para la clase trabajadora desde el establecimiento del modo de producción capitalista y su proceso de acumulación originaria. La necesaria desposesión del proletariado de los medios para reproducir su vida implica la desposesión de la vivienda, con algunas excepciones históricas muy puntuales y con demasiados matices como para considerar que este poseía los medios para su reproducción independientemente de la reproducción del capital. Por lo tanto la vivienda siempre ha representado un problema para la clase trabajadora, si bien es cierto que este problema se ha manifestado de formas diferentes creando la ilusión de problemáticas puntuales y no de manifestaciones históricamente específicas de una problemática consustancial al capitalismo en sus diferentes fases.

    EL núcleo de la problemática de vivienda actual puede resumirse como una dificultad de acceso a la vivienda. En otros momentos ha sido la infravivienda o la falta de viviendas cercanas a los centros industriales. Es importante entender que en nuestro contexto esto son problemáticas que, si bien siguen existiendo, son completamente minoritarias comparadas con la dificultad o la imposibilidad para acceder a una vivienda y para conservarla. Es preciso entender que esta problemática es una problemática de clase, no referida al tipo de tenencia (alquiler, cesión, propiedad, etc..) para no ocultar en el análisis la causa última del problema de la vivienda: el capitalismo. Para los burgueses que viven de alquiler, en cesión e incluso ocupando una propiedad ajena de forma ilegal, la vivienda no representa un problema de ningún tipo. La vivienda vendría a representar para el proletariado, no un bien que posee y controla, sino una parte de los bienes que son dispuestos para su reproducción como fuerza de trabajo, es decir una parte del salario. En ese sentido los conflictos a través de los que el proletariado ha intentado mejorar sus condiciones de vivienda han de entenderse como conflictos salariales, luchas económicas contra la tendencia de la burguesía a pagar la fuerza de trabajo por debajo de su valor.

    El siglo XX ha supuesto una mejora innegable en las condiciones habitacionales de la clase trabajadora, especialmente si lo comparamos con las condiciones de barraquismo, hacinamiento y usura masivos de los poblados obreros del siglo XIX y principios del XX. Esta mejora ha sido fundamentalmente consecuencia de dos factores: un movimiento obrero potente y un capitalismo pujante. iEl movimiento obrero ha apostado fuertemente por hacer la vivienda una de sus luchas y en ello ha conseguido que parte de la riqueza social se dedique a viviendas que van a ser habitadas por trabajadores. Por supuesto que esto ha sido con unos condicionantes muy concretos, especialmente para la vivienda en propiedad fruto del endeudamiento de las familias trabajadoras, que nunca llegó realmente a toda la clase trabajadora y que ha sido utilizado como medio de pacificación e integración social1 . La otra causa, el capitalismo pujante y en expansión, es lo que ha permitido que la burguesía pudiera mantener unos beneficios gigantescos y por lo tanto dedicar una pequeña parte de ellos a mejorar las condiciones de una clase trabajadora en armas. Esto es preciso decir que ha sucedido de forma más notable en los países del centro imperialista.

    En el último tercio del sigo XX esta realidad comienza a descomponerse. El capitalismo entra en una crisis productiva a partir de los años 70 de la que ya nunca se recuperará completamente y que conlleva una guerra de la burguesía contra todo desvío de la riqueza de sus ganacias. Esto incluye naturalmente el recorte de los salarios “más altos” de los trabajadores y despidos en masa, deslocalización, cierre de centros de trabajo y en general endurecimiento de las condiciones para los trabajadores que van a tener que trabajar lo mismo o más cobrando menos y en peores condiciones. Esta crisis productiva lleva al capital a apropiarse de la riqueza social ya generada así como de una parte cada vez mayor de la parte de esta dedicada a los salarios2 . Esta crisis impulsa también la financiarización de la economía que trata de reproducir el capital de forma parasitaria en forma de rentismo y especulación.

    En todo este proceso el estado ha jugado un papel fundamental. El estado es el que ha organizado todo el proceso de vivienda (cediendo suelo, urbanizándolo, avalando, con rebajas fiscales, con créditos a interés casi 0, con concesiones, con subvenciones directas, con una legislación laboral muy favorable para el constructor, etc..) para que fuera funcional a los intereses de la burguesía, primero nacional (constructoras y promotoras participadas por los ganadores de la guerra civil) y luego internacional (fondos de inversión y bancos). Antes de los años 70, tenía margen real para contrapesar ligeramente la balanza en favor de la clase trabajadora cuando el movimiento obrero amenazaba o estallaba en huelga o en revuelta. Esto era posible porque aun cediendo unas migajas de más a los obreros, los beneficios de la burguesía seguían siendo descomunales. Una de las consecuencias de esto es que el estado visto como organizador del proceso de acumulación por parte de la burguesía o visto desde el proletariado como proveedor de vivienda asequible se convirtió para todos los actores en el actor que generaba vivienda. Esto contribuyó a que a la burguesía inmobiliaria española le costara mucho en adelante funcionar fuera de las oportunidades creadas por el estado en forma de concesiones, subvenciones, recalificaciones, etc. y para la clase trabajadora significó determinar al estado como al responsable último de la situación de la vivienda y a quien había que reclamar en caso de disfunciones. Se vio reforzado con las luchas vecinales que reclamaban al estado la urbanización y la adecuación de los barrios de periferia de las ciudades, reclamaciones que tuvieron bastante éxito entre otras cosas porque el estado tenía aún capacidad para desviar algunos recursos para la mejora de las condiciones de la clase trabajadora. Este éxito, junto con unas políticas de vivienda estatales muy activas, sellaron en el imaginario de la clase trabajadora el hecho de que ante cualquier problema de vivienda el camino necesario es la reivindicación de una intervención estatal que lo resuelva.

    Esta perspectiva ha estado muy presente durante toda la experiencia de la PAH y de los conflictos de vivienda en la post-crisis de 2008. En última instancia los objetivos han constituido: la aprobación de la dación en pago, la limitación a la compra de vivienda por fondos buitre, la suspensión de los desahucios, la aprobación de una ley de vivienda o la regulación de los alquileres. El horizonte de estas luchas ha sido el de la vivienda asequible garantizada por el estado como el estado garantiza la atención sanitaria o la educación básica. Esta ficción solo es creíble en los momentos en los que los beneficios de los capitalistas se están viendo produciendo de forma satisfactoria y el estado puede fingir ser un árbitro neutral entre el capital y el trabajo. La posición pretendidamente neutral del estado ha sido la base para la política reformista, que en el ámbito de la vivienda ha venido reclamando medidas en pos del cumplimiento del mencionado horizonte. La política socialdemócrata, especialmente Podemos, han establecido la intervención del estado en materia de vivienda en favor de la clase trabajadora, lo que se ha demostrado como irrealizable: a lo máximo a lo que se ha llegado es a una ley de vivienda que no cumple con ninguno de los mínimos reclamados por las luchas de vivienda y lo que sí hace es apuntalar los beneficios de los rentistas.

    Para comprender este declive de las políticas públicas de vivienda es imprescindible entender la evolución del estado en las últimas décadas. Este, como capitalista colectivo y encargado de hacer viable la reproducción del capital de forma prolongada en el tiempo, ha mutado su papel con la cronificación de la crisis productiva. En un contexto de capitalismo pujante y clase obrera organizada, el estado ha cumplido con este papel realizando los equilibrios sociales necesarios para compatibilizar acumulación capitalista y reproducción más o menos desahogada de la fuerza de trabajo. Para poder asegurar el mantenimiento de la acumulación capitalista en un contexto de crisis productiva como el actual, el estado ha ido abandonando el papel de garante de un equilibrio entre clases y se ha ido mostrando cada vez más como una institución completamente adherida al cumplimiento de los intereses de la burguesía. Inevitablemente esto conlleva una crisis social de proporciones considerables al dejar de jugar el papel de integrador social del proletariado. El estado al no poder ofrecer ningún tipo de concesión a la clase trabajadora cierra el camino a la política reformista. En el ámbito de la vivienda esto conlleva que el que el horizonte de una vivienda garantizada por el estado se perciba como inviable de forma cada vez más clara.

    El horizonte de la lucha por la vivienda de las últimas décadas se desmorona ante nuestros pies. La ventana de oportunidad que hacía que se percibiera como posible se ha cerrado. Esta situación hace más favorable en todos los ámbitos el planteamiento de una perspectiva revolucionaria y su extensión entre la clase trabajadora, especialmente en materia de vivienda donde el descalabro socialdemócrata está siendo especialmente duro y donde se están mostrando de forma más evidente los límites y lo ilusorio de la vía reformista. La extensión de este programa conlleva un horizonte nuevo que ya ha sido planteado por el Movimiento Socialista: vivienda universal, gratuita y de calidad. Es el momento de contraponerlo a la perspectiva derrotista de aceptación del empeoramiento inevitable de nuestras condiciones de vida y a las promesas imposibles de cumplir de la socialdemocracia. Y es imprescindible que esto se desarrolle desde un programa político y una estrategia solventes y ambiciosas, de las que ya podemos encontrar algunas muestras sólidas como la propuesta del Sindicato Socialista de Vivienda de Euskal Herria3.

    Vienen tiempos de impasse y de descomposición del horizonte socialdemócrata del papel de la vivienda, es el momento de hacer avanzar el horizonte socialista para la lucha por la vivienda con convicción de que es una de las cuñas para la extensión de la perspectiva revolucionaria en nuestro tiempo.


    1. PISANO, Karla (2023). Propietarios y proletarios: la propiedad de la vivienda como mecanismo de cohesión y exclusión.

    2. PIQUERAS, Andrés (2022). De la decadencia de la política en el capitalismo terminal. El Viejo Topo, Barcelona.

    3. Se puede leer el documento completo en este enlace.